lunes, 15 de septiembre de 2008

El Kálevala: Ilmarinen, el sauna y el sampo (II)

 
Seguimos aún en la cuarta entrega de la saga, nos faltó hablar sobre el sampo y el sauna, el aspecto lúdico de ese martes que aún no hemos concluido de relatar.

Como les contaba ayer, el almuerzo lo efectuamos en un restaurant instalado en una ex-residencia de verano de un dignatario finlandés de la región de Krapi. Construida esta villa en 1883, hoy aloja al restaurant Krapihavi, que les contaba se especializa en comidas típicas de la zona (arenques, compota de cebollas, ciervo ahumado, paté de cordero, salchichas de venado y reno, y otras combinaciones interesantes, con vegetales grillé o hervidos, y ensaladas). La casa principal está en medio de un parque, con un club de golf cruzando la carretera, y fue un momento lindo para departir sobre las experiencias que íbamos teniendo. El interior está decorado al estilo del siglo XIX y, como en todos los restaurantes que visitamos en Finlandia, nos llamó la atención la decoración con flores, nunca en exceso pero siempre alegrando con su presencia en conjuntos sencillos o elaborados.

Una vez respuestas nuestras fuerzas, seguimos viaje para Äänekoski en el centro de Finlandia, una ciudad a unos 280 km de Helsinki donde se encuentra la segunda fábrica de Botnia, inaugurada en 1985. La fábrica de Äänekoski está especializada en la producción de pastas blanqueadas de coníferas, abedul y álamo temblón para papeles finos y cartón/cartulina para cajas plegables, y produce unas 500.000 toneladas anuales de celulosa. El balance medioambiental de esta fábrica (así como las demás de Botnia) en años recientes se puede ver acá. La razón fundamental para visitarla fue la similitud que presenta su caso con el de Botnia-Fray Bentos. Aunque esto será tema para el próximo artículo.

Botnia tiene en este lugar una residencia de descanso, Piilola, donde nos alojaríamos esa noche, a la orilla del Päijänne, que es un inmenso lago sobre cuya cabecera se encuentra Äänekoski y que es el segundo en importancia de Finlandia, donde obviamente se realizan actividades turísticas y deportivas. El tamaño del pescadito que sostiene el señor de al lado -pescado justamente en este lago- no deja lugar a dudas de que existe suficiente vida acuática. Más sobre eso en el próximo artículo.

Les decía entonces que estábamos alojados en esta residencia Piilola para pasar la noche, así que aprovechamos antes de ir a cenar a sacarnos la obligatoria foto de grupo, para perpetuar nuestras recorridas nórdicas. Y ahí está nuestro cuadro de fútbol, posando para la prensa.

El día terminaría entonces en la cabaña que Botnia posee a la orilla misma del lago en Onkela. El lago es un lugar muy bonito, con mucha vegetación en los márgenes, pero de color bastante oscuro, ya que arrastra mucho ácido húmico por las descargas de los bosques. El atardecer se instaló plácidamente mientras nosotros disfrutábamos de la vista, alguna de cuyas fotos les muestro. A ninguno de nosotros nos pareció relevante la supuesta "contaminación visual" causada por las chimeneas de la fábrica, distante de nosotros sólo un par de kilómetros. Debo señalar que en esta fábrica si pude percatarme del olor que no registré mayormente en Fray Bentos. No un olor desagradable para nada, sino, insisto, en mi percepción me resulta muy similar al de una buena cazuela de mariscos. Ese olor lo percibimos únicamente en las inmediaciones de la fábrica y sin duda que no alcanza el lugar donde ahora nos encontrábamos.

Mientras esperábamos la cena, y alguno de nosotros se dedicaba a la meditación inspirado por la calma del entorno, llegó la hora del sauna.

El sauna finlandés no es cualquier sauna. De hecho, ni siquiera es "el" sino la sauna. Dado que en finlandia hay alrededor de 2 millones de saunas para 5 millones de finlandeses, se comprende que este es un asunto sumamente serio, una parte de la cultura que ya tiene unos mil años de antigüedad. La sauna a la que concurrimos tiene una antesala, donde nos despojamos de nuestras ropas y donde luego volveremos a hidratarnos, un cuarto de duchas para antes de entrar a la sauna, y el cuarto con la estufa propiamente dicho. Ahí tenemos en una esquina y en el suelo una especie de hogar, con rocas no arsénicas que llegan a estar al rojo. La esencia de la sauna seca, la finlandesa, es que la humedad no debe superar un 15 a 20%, por lo que la temperatura es muy superior a la de un baño turco. Se supone que debe rondar los 100ºC, pero el termómetro marcaba más. La cuestión es que primero pasaron las damas, y una vez finalizado el ritual para ellas, nos tocó a los caballeros. Debo reconocer que nos portamos excelentemente, dado que hicimos dos veces el ciclo sauna/lago (para eso estaba el muelle con los banquitos, se sale del sauna directo al chapuzón en el lago). El propósito es retornar el cuerpo a la temperatura normal, cosa que hicimos en la mejor tradición finlandesa y sin preocuparnos en absoluto por las eventuales dioxinas que pudiera verter la cercana planta.

La velada terminó con una cena excelente y una interesantísima discusión con uno de los colegas argentinos, que determinó que nuestro anfitrión Perti sentara a la traductora a su lado para seguir atentamente el intercambio.

Lo que se dijo, sin embargo, quedará a orillas del Päijänne.