Gary Cooper y Grace Kelly protagonizaban este film antes que yo naciera. El argumento, como siempre copiado de algún sitio de internet, es más o menos así.
Un domingo de 1870, en un pueblo sureño llamado Hadleyville, el sheriff Will Kane (Gary Cooper), de 50 años, va a casarse con su novia cuáquera de 22 años (Grace Kelly). Es su último día antes de la jubilación. Pero corre la noticia que un bandido que él apresó cinco años atrás llegará para vengarse; tres cómplices lo están esperando en las afueras del lugar. Kane pide ayuda para enfrentarlos, pero todos dan un paso atrás: su ayudante, el juez que condenó al criminal, el alcalde, el antiguo comisario. Los habitantes del pueblo que le debe prosperidad también le vuelven la espalda. Su novia y su mejor amigo le aconsejan que huya.
Bajo el ardiente sol de mediodía y lleno de dudas, el solitario Kane decide cumplir su deber. Habla con su novia y dice unas palabras memorables: «Cariño, he estado pensando, me están haciendo huir. Yo jamás he huido de nadie». A la hora señalada, el representante de la ley y el orden enfrenta y derrota a los malos. En la escena final arroja con desprecio su estrella de sheriff, da la espalda al pueblo y abandona Hadleyville. En 1972, Clint Eastwood repetirá este gesto como un homenaje en Harry, el sucio.
Esta película está considerada como uno de los mejores westerns de todos los tiempos y ganó cuatro Óscares. Contiene escenas memorables, como la que reproduzco a la izquierda, donde la calle del pueblo desierto revela la soledad en el alma del comisario Kane, decepcionado de quienes él pensaba que lo apoyaban.
Hoy a las 13 horas despejarán el corte del puente en Arroyo Verde. La Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualguaychú se bajará de la ruta, se despejará la misma de los elementos que la entorpecen y que supieron causar la muerte de un pobre hombre que sólo quería visitar a sus hijos (Walter Maulucci, de 33 años). En el artículo de La Nación, unas excelentes fotos de Aníbal Greco nos dan también la idea de ese corte en la tensa espera para la hora señalada.
La larga carretera muestra la nada de la villa construida en Arroyo Verde para cortar el tránsito. Nadie ya espera nada de sus propias autoridades. Bahillo les ha prometido un guardarail para evitar que se lastimen las personas que quedarán allí en la ruta, pero las doñas ya no son lo que eran. María, Sira, esas señoras excedidas de peso, largas de años, vacías de expectativa, que alguna vez barrían los charcos de lluvia de una ruta internacional, ya no estarán allí, aún cuando la moneda de cambio para bajarse haya sido el quedarse a repartir panfletos junto a la ruta.
María Elena, una doña de Gualeguaychú (piquetera sí, pero doña sin dudas) lo dijo desde el fondo de su corazón:
Si nos bajamos de la ruta, nunca más, señores. Nunca más, entiéndanlo, es mentira, ya se habla de que en 48 horas se va a empezar a desmantelar Botnia, -perdón, porque es mi deseo, dios se cumpla, dios se cumpla, a veces, puede ser-. Pero Arroyo Verde no se debe tocar, no se debe ser, no nos deben pisotear nuestra dignidad sentados a un costado.
Porque cuando nos bajáramos, éramos cinco mujeres que dormíamos en la trinchera hecha por algunos compañeros y mujeres. Es así, ¿o no? Cinco mujeres que dormíamos ahí cuidando al costado.
¿Saben lo que hacíamos? Nos tapábamos y quedábamos ahí cuidando la trinchera. ¿Cuántos hombres fueron a cuidar la trinchera mientras Botnia seguía construyéndose cuando nos sacaron, hasta que pudimos subir de nuevo?
Y así será. Donde hoy camina solitaria esa gaviota, donde los perros reposan tranquilamente, será mañana y la semana que viene el camino de los autos y camiones que le habrán pasado por encima a un episodio más de la historia menuda de los pueblos, un episodio pequeño, ridículo, desagradable y evitable. Pero la historia no se detiene y habrá que seguir, los unos mascando bronca y contando generación tras generación su "heroica" resistencia, los otros, los más, agradeciendo que el absurdo haya terminado.
La ACAG votó finalmente por levantar el corte. La idea es hacerlo por 60 días, para que mientras tanto se puedan acordar los términos para un monitoreo conjunto.
Desde Cancillería argentina se emiten confusos mensajes. El Vicecanciller dice que ahora Uruguay está obligado a aceptar la inspección argentina a la planta, el monitoreo interno. El Canciller renuncia, por diferencias con la Presidente. El gobierno argentino dice que acepta que Brasil participe, pero otra parte de sí mismo dice que no, que no tiene el menor interés.
Mientras tanto, los perdidosos y airados vecinos que quieren seguir con el corte reaccionan airadamente y, en el mejor estilo que los ha caracterizado durante mucho tiempo, dicen que no acatarán la resolución de la Asamblea y seguirán cortando. Difícil que el chanco chifle, diría mi abuela, pero ya veremos.
Entretanto, otros movimientos se van dando lenta y seguramente por el gobierno uruguayo, indudablemente en acuerdo con el argentino y probablemente consultando también a la planta de UPM. Los que estamos por afuera de la jugada entendemos que empieza el segundo tiempo y pelota al medio. Nuestra tarea será seguir informando y sentando de a poco bases para la convivencia futura y, sobre todo, para que se entienda que nadie está en peligro de muerte o deformación por la existencia de UPM, pero también aprovechando la posibilidad ofrecida para intentar un monitoreo más profundo de todo el río Uruguay, incluyendo a nuestroa vecinos.
Una de las movidas es de prensa y de agitación. Los que estuvieron en la vuelta supieron de la visita que con Jorge Balseiro y Alejandro Villaverde hicimos a Fray Bentos a una "mateada". El evento fue organizado en Fray Bentos por Bruno González Posse y el grupo de Facebook "Levanten el corte del puente Gualeguaychú-Fray Bentos" y las fotos las encuentran en el Picassa de Alejandro, que las reunió en un album. Nuestra idea al ir era apoyar y al mismo tiempo transmitir toda la experiencia acumulada en estos años de desencuentros.
Se puede decir que la movida nos salió bastante bien, en general. Pese a que Alejandro se agarró tremenda gripe (en general el whisky mata los microbios, pero Alejandro le pone cubitos de hielo y ya se sabe que el agua no es buena para la salud) disfrutamos el viaje y tuvimos oportunidad de hablar para un par de radios y que el relato de lo sucedido saliera en el diario El País y la radio El Espectador. A raíz de ello, me llamaron y realizaron un extenso reportaje, cuya transcripción puede accederse acá. Puede accederse como archivo de audio mp3 acá. El título no es exactamente lo que dije, pero más o menos.
Dos ladrillos más en esta construcción post-corte pueden verse en el artículo del Ing. Enrique Martínez, en La Nación de ayer llamado "La hora del monitoreo" y en el artículo de opinión publicado por el Senador Ope Pasquet en Montevideo.com llamado "El Monitoreo Conjunto".
Ope me etiquetó en su nota en Facebook, que puede verse acá, y yo subí allí algunos comentarios que le había hecho telefónicamente sobre lo que me parece que puede ser la forma de evitar lesiones a la soberanía, ir para adelante con el control globalizado de la contaminación y también comprometer en ello a los países más grandes, incidiendo también en lo que ellos hacen en sus territorios. Reproduzco acá esos comentarios como para ir discutiendo cómo seguiremos en lo sucesivo.
Lo que Ope plantea es un tema muy delicado que merece opiniones diferentes de distintos actores. En el plano teórico, como dice Aldo, yo rescato varias cosas importantes:
1. Pueden realizarse actividades de monitoreo conjunto sin afectar la soberanía. Para ello es imprescindible que exista voluntad uruguaya, no imposición argentina. Y en tanto no haya norma legal que lo habilite, dependerá de la aquiescencia del gobierno uruguayo y la(s) planta(s) industrial(es) involucrada(s). Nada puede imponerse, porque no lo obliga ni el Estatuto ni el dictamen de la CIJ.
2. Puede proponerse una modificación a la normativa, modificar el Estatuto, agregándole cosas que ahora no tiene. por ejemplo el monitoreo de aire y la actuación conjunta de los mejores laboratorios técnicos de ambos países para obtener y procesar muestras. Esto ampliaría el ámbito de actuación de la CARU y para ello es imprescindible tener aprobación legislativa.
3. Cualquier modificación que se haga a la normativa debe ser tal que se aplique a TODA industria posiblemente contaminante en AMBAS márgenes del río, para lo cual deben establecerse mecanismos ágiles y efectivos de control. Es decir, la ley debe ser neutra (no puede aplicársela sólo a una industria con nombre y apellido) y recíproca (no puede dar a una de las partes derechos que la otra no tenga ni fijar obligaciones sobre una parte a las que la otra no esté sometida) además de determinar mecanismos rápidos de solución de controvrsias (por ejemplo, la negativa de una de las partes a la actuación de la otra debe tener consecuencias automáticas, los plazos y las limitaciones deben estar claramente establecidos, etc). Mucho me temo que Aldo tiene razón al decir que es posible que Argentina no obre de buena fe (toda la presentación técnica argentina frente a La Haya desbordó de mala fe fáctica y procesal).
4. Cualquier avance en esta área debe involucrar a los cuerpos científicos y técnicos de mayor nivel de ambos países (nadie de la ACAG, por favor) siguiendo protocolos internacionalmente aceptados y estándares del mejor nivel mundial, pero no creados ad hoc por consideraciones políticas locales. Asimismo, debe establecerse con claridad qué cosas son monitoreables, cuáles son los estándares, cuáles son las consecuencias de apartamientos de esos estándares, cómo se imbrican la aplicación de estas modificaciones legales y la aplicación de las normas domésticas, etc. Ni que hablar que antes de poder hacer nada de eso, los cuerpos técnicos ambientales de ambos países y los respectivos ministerios tienen que ponerse de acuerdo en emplear los mismos criterios.
5. El Estatuto está complementado por un Digesto, que también debe actualizarse. El Digesto no sólo se refiere a la calidad de las aguas, es decir cómo deben estar teniendo en cuenta todo lo que se vierte al río, sino que determina también cuáles son las condiciones que deben cumplir los propios efluentes vertidos. Eso está en el Capítulo V, Condiciones de los Efluentes. Allí se determina, por ejemplo, la dimensión de la zona de mezcla y se especifica que las normas sobre vertidos de efluentes deben ser dictadas por las partes. Eso lleva a que, por ejemplo, las condiciones establecidas por Uruguay para los efluentes sean más estrictas que las de la Provincia de Entre Ríos. Por ejemplo, en el caso de DBO (Demanda Biológica de Oxígeno), el Decreto 5837/1991 de la Provincia de Entre Ríos establece como concentración máxima de los efluentes vertidos al río Uruguay la cifra de 250 mg/L. El Decreto 253/79 de Uruguay establece un límite máximo de 60 mg/L, es decir es cuatro veces más estricto que Entre Ríos. Sí es una cuestión de soberanía que Uruguay no debe verse forzado a rebajar sus límites (es decir, ponerse ambientalmente menos riguroso) por el hecho de que Argentina lo sea, sino que Argentina debe ponerse las pilas, y ajustar sus estándares de manera que sean, al menos, tan estrictos como los uruguayos.
6. Argentina debe comprometerse a actualizar toda su legislación ambiental para llevarla, al menos, al nivel de vigilancia y rigurosidad de la uruguaya. Todas las industrias que lo requieran deben contar con informe de impacto ambiental (actualmente en Entre Ríos sólo entre 5 y 10% de ellas lo tienen, entre el 90 y el 95% de las industrias funcionan irregularmente, cuando no ilegalmente desde el punto de vista ambiental) tanto en una margen como otra del río.
7. Lo que se acuerde respecto al monitoreo debe ser ampliado a todas las actividades presuntamente contaminantes. No puede ser que se acuerde el monitoreo del fósforo vertido por UPM, ignorando que de cada 100 partes de fósforo en el río, 99 vienen de otras fuentes. No puede ser que se acuerde monitorear las dioxinas que eventualmente puedan salir de una chimenea y no se controle lo mismo de los incendios forestales intencionales en el delta entrerriano (Argentina excede largamente a Uruguay en la emisión de dioxinas, debido justamente a los incendios provocados). No puede ser que se monitoreen los posibles nonilfenoles etoxilados o los nutrientes presentes en el río producidos por actividades industriales y no se monitoree los mismos productos provenientes de actividades agrícolas. No puede ser que se monitoreen los sistemas de efluentes de industrias como UPM que desaguan en el río Uruguay y no se controle el contaminante Parque Industrial de Gualeguaychú que desagota en el río Gualeguaychú que finalmente vierte al Uruguay.
Como se ve, titánica tarea que es más fácil describir que hacer. Pero principio quieren las cosas, y no me parece mal un "quiero, vale cuatro!" entendiendo que la soberanía nacional no significa que de puertas adentro hacemos lo que queremos, sino que exigimos que de puertas afuera se haga exactamente lo mismo que otros pretenden que hagamos de puertas adentro.
Ojalá avancemos todos en esa dirección y consigamos mejorar el ambiente en el cual tenemos que desempeñarnos.








