viernes, 7 de noviembre de 2008

Yes, we can!


Fuimos unos cuantos los que nos quedamos levantados para ver la victoria de Barack Hussein Obama, un hombre de piel negra, padre africano, madre usamericana, de nombre inconfundiblemente árabe, que fue electo en base a sus méritos, a su trabajo, a su capacidad y también en base a que las personas que votaron en cifras récord estaban hastiadas de una situación a la cual no le veían salida.

En el thread anterior, Flor comentaba lo que está a la izquierda, y ayer me envió la foto con la que encabezo este artículo. En 1968, el mismo año en que en Abril habían asesinado a Martin Luther King, Robert Kennedy decía:

Las cosas se están moviendo tan rápido en las relaciones entre las razas, que en 40 años un negro podría ser presidente. No hay duda acerca de ello, en cuarenta años un negro podrá alcanzar la misma posición que tiene mi hermano. Los prejuicios existen y probablemente continuarán existiendo, pero hemos tratado de progresar y lo hemos hecho. No vamos a aceptar el estado de cosas establecido.

Su predicción se cumplió milimétricamente y hoy tenemos como Presidente de USA a una persona, como dijo Berlusconi, joven, buen mozo y bien bronceado. Posiblemente se espere de él más que lo que un solo hombre pueda hacer, pero las esperanzas están depositadas en que consiga reestablecer el liderazgo moral que por ese entonces tenía USA.

En un mundo considerablemente distinto, por cierto.

Multilateral, donde países que fueron poco significantes en el contexto mundial (China, India, Brasil) pasan ahora a ser tan importantes como el que más.

Económica y ambientalmente más realista, porque cada vez más gente está más convencida que no era una boutade aquello de que o nos salvamos todos o todos juntos perecemos.

Noticial e informativamente globalizado, donde lo que pasa en cualquier rincón del mundo no tarda más que unos minutos en llegar a nuestros escritorios, junto con la versión opuesta y la que es ni si, ni no, sino todo lo contrario.

Y curiosamente, también menos racional, donde millones de personas buscan la salvación en micro-religiones, teológicas o no, donde millones de personas son manipuladas por apelaciones falsas a sus sentimientos y emociones, no a su razonamiento y a su conocimiento.

Mientras la gente cansada en USA votaba un cambio más que revolucionario, a miles de kilómetros, en Paraná, el Gobernador Sergio Uribarri decía respecto a los problemas de Argentina y Uruguay, que hay que encapsular el conflicto. Si bien es claro que un político siempre va tentando el viento, y aunque sepa que se equivocan no se pone decididamente en contra de lo que piensan sus eventuales votantes -cosa que sí hace un estadista- Uribarri abogó por una agenda constructiva con Uruguay. La respuesta de los acagüenses fue patética, según El Día de absoluto y unánime rechazo.

Pero la verdad es otra, la verdad es que las personas en Argentina están más que cansadas de este conflicto. Como les escribía en el otro thread:

76.6% de los argentinos opina que Argentina debe mejorar las relaciones con Uruguay, que se vieron perjudicadas por el corte de puente de Gualeguaychú

53.9% de los argentinos considera que hay que levantar el corte de ruta del acceso al puente.

31.9% de los argentinos considera que el principal problema ambiental de Argentina es la inadecuada gestión de los residuos.

10.1% de los argentinos considera el principal problema ambiental de Argentina es el conflicto por Botnia.

Los comentarios a los artículos de El Día que les cité son claros en reflejar el mismo rechazo. Más claro quizá es que el propio diario permita ese tipo de discusión que queda permanentemente en su sitio mostrando el profundo desagrado que existe con esta medida Y, por si algo faltaba, es sintomático que el diario haya dejado en su portal digital la noticia sobre el pedido de agenda constructiva de Uribarri y haya quitado el del "rechazo unánime".

Entretanto, los trasnochados siguen usando a sus niños y adolescentes como carne de cañón. No representan a Gualeguaychú, mucho menos a Entre Rìos o la Argentina, que sí está representada por esa gente cansada, cuyos problemas son mucho más serios que el de tener a 13, 20 o 30 km una fábrica que no contamina ni produce ninguna de las consecuencias apocalípticas pronosticadas.

Yo no puedo hablar por los argentinos, pero sí puedo hablar por los seres humanos que conozco, de acá y de allá. Cuyas preocupaciones están centradas en crear cada día sociedades más justas y más inclusivas. En corregir los errores de procedimientos, porque las metas están claras para todos. En conseguir que de nuevo prime la idea de que hay valores universales que deben regular la convivencia entre los seres humanos. Y que si esos valores triunfan, no habrá una sociedad de santos, pero sí una sociedad funcional, con gobiernos de estadistas y no meramente políticos.

Sociedades que conjuguen el verbo ser y lo consideren más importante que el tener. Sociedades donde importe y dignifique el conocer y el saber, donde educar sea más importante que vender, donde la solidaridad vaya de la mano con la responsabilidad, donde los derechos y las obligaciones reciban los mismos homenajes, donde a cada uno se le exija de acuerdo a sus posibilidades, pero nunca menos que ellas. Donde los gobiernos protejan la niñez y la ancianidad, auxilien al débil y al enfermo, y al mismo tiempo provean la más amplia libertad para el pujante, permitan el florecimiento de oportunidades que anclen al que produce, imagina, idea, innova y al que haciéndolo sobresale, sin temor a ser bajado de un hondazo o a ser arrastrado por las convulsiones de injusticias sociales que él o ella no han contribuido a solucionar.

Hace un par de días Obama mostró al mundo que se puede. Dijo

Esta noche demostramos una vez más que la verdadera fortaleza de nuestra nación no viene del poder de nuestras armas o del tamaño de nuestra riqueza, sino del poder duradero de nuestros ideales: democracia, libertad, oportunidad y una inflexible esperanza.

Recuperemos la esperanza y no olvidemos a quien hace un par de miles de años sintetizó en forma magistral el principio rector de lo mejor de nuestra cultura

Quiere al prójimo como a tí mismo.

Y ya lo dijo el Pepe, tenemos que querernos más.